Auspiciá en De la Cuna al Infierno

domingo, 29 de agosto de 2021

Ahogate en agua bendita




Estaba todo muy raro anoche. Demasiado. Mientras once jugadores vestidos de rojo le levantaban las manos a la luna de Avellaneda, ni a los grillos se escuchaban cantar en las calles. Ni el viento del barrio sopló para no dejarse ver. Callados los bagualeros, tal vez queriendo tal vez sin querer, diría alguna canción.


Pero los once rojos estaban ahí. Alzando las manos hacia los cuatros costados más lindos del mundo. Y el partido dio inicio. Al Sabalero se le hacía agua la boca por quererle amargar el sábado al local. Pero no tenían ni idea de lo que estaba por suceder.  Ni cerca de imaginárselo. Ni sospechaban que iban a ser testigos de un fenómeno que pocas veces, en los últimos tiempos, se deja ver.


El aluvión del Rojo en los primeros quince minutos fue un presagio. Pero hasta los 32 de la primera parte, todo estaba en silencio. Hasta que en ese minuto, Silvio Romero tocó la pelota, y a lo lejos, se oyó a un quirquincho barbudo como tocando un violín, y a un zorrino con voz de tenor, que desgarraba el silencio con un yaraví, que mandinga a cantar le enseñó. Y cuando Bustos recibió de Romero, el fenomeno sucedió.


Y fue el mismísimo mandinga, que con la diabla en las ancas llegó, azufrando la noche lunar, desmontó del caballo y baile empezó, con la cola marcando el compás. Y con esa cola, y con ese compás, Soñora, luego de algunos rebotes, de derecha, la puso contra un palo. Y se escuchó el seductor grito de gol. Arriba Independiente.


El baile había comenzado. Lo presagiado era inevitable. El pánico se adueño de Colón. Y a los 40, y de tiro libre, mientras la bruja mayor, con la lechuza en el hombro y el gran tenedor le disparaba a la cruz del sur, el pibe, de zurda, la clavó en un ángulo.


Pero no hay dos sin tres. Y en la segunda parte, como para terminar el show, Roa remató al visitante, que estaba duro del miedo. Independiente ganó, gustó y le hizo tres goles al último campeón en un partido enorme.


Atacando, yendo al frente, oliendo sangre, teniendo hambre, ganando, jugando bien al fútbol y yéndose aplaudido. No hay dudas, de que esta versión es la mejor. Pobre del rival de turno si le toca un Independiente así.


Porque cuando el Rojo sale a la cancha con estos pibes, que tienen hambre y sed de ganar, te recomiendo, que te ahogues en agua bendita, porque ya ni el diablo te salva.


  1. Ojalá siga este aquelarre, bailando las brujas y metiendo la cola el diablo!

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