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Ni vivos para ganar, ni muertos para perder


En un Día de la Madre que poca paz les otorgó a los hinchas de Independiente y Racing, se disputó un nuevo Clásico de Avellaneda en el Estadio Presidente Perón, que terminó en un empate 1-1. A continuación, la crónica de un nuevo duelo entre los vecinos.

Con un clima que ya cansa en Buenos Aires, gris y frío, de esos que despiertan las famosas ganas de «no hacer nada», comenzó el Clásico de Avellaneda, en pleno almuerzo por el Día de la Madre. Durante los primeros minutos, el Rojo tuvo un breve dominio, pero no logró hacer demasiado, pese a las intervenciones de Santiago Montiel. A Independiente se lo notaba como a ese nene torpe que está aprendiendo a caminar: todavía le cuestan los primeros pasos y cualquier obstáculo se convierte en sinónimo de caída.

Racing no tardó en aprovechar las dudas de su rival y comenzó a ganar terreno, aunque sin demasiada efectividad en sus pases. A los 28 minutos, el encuentro dejó de ser parejo y las falencias de Independiente quedaron nuevamente expuestas. Tras un error de Mateo Pérez Curci, que perdió la pelota, y una tardía salida de Rodrigo Rey que lo dejó fuera de posición, Matías Zaracho aprovechó la oportunidad y marcó el primer tanto de la tarde.

Entre algunos acercamientos de Racing, intentos fallidos de Independiente por parte del Chimy Ávila y, una vez más, las intervenciones del 7, se consumieron los últimos minutos del período inicial. Así, el "Rojo" se fue al descanso tras 45 minutos que fueron una auténtica peste.

Nunca sabremos qué pasó en el vestuario durante el entretiempo, pero Independiente salió a disputar el complemento con una leve mejoría. Se animó a adelantarse en el campo y generó algunos intentos que, con un poco de suerte y mayor precisión, podrían haberse convertido en gol. El penal llegó a los 17 minutos, cuando Escudero arremetió contra Meza dentro del área. El propio Meza se encargó de convertirlo, marcar el empate y darle un poco de alivio al "Rey de Copas".

A partir de allí, el encuentro ganó en intensidad y ambos equipos tuvieron sus oportunidades. Independiente mostró una versión más decidida que la del primer tiempo, aunque esa mejoría no alcanzó para traducirse en una victoria. El "Rojo" logró emparejar el resultado, pero volvió a dejar en evidencia sus dificultades para generar peligro y concretar sus ocasiones durante el juego. Del otro lado, mientras tanto, también se escuchaba el reclamo de los hinchas de Racing, con el ya conocido «Que se vayan todos».

De cara a lo que viene, Independiente deberá replantearse varias cuestiones. Si bien nunca sabremos qué habría pasado si el equipo se animaba a proponer un juego más agresivo desde el comienzo, lo cierto es que, después de este clásico y con una seguidilla de partidos complicados por delante, varios jugadores deberían preguntarse si están a la altura de una camiseta que tanto pesa.

El trabajo de la semana será fundamental para corregir errores, recuperar la confianza y encontrar respuestas futbolísticas que hoy parecen faltar. Independiente necesita mucho más que buenas intenciones y un penal que le permita rescatar un punto: tiene que generar situaciones claras, aprender a aprovecharlas y convertir goles durante el desarrollo del juego. Porque los clásicos no se ganan solamente desde los doce pasos, y el "Rojo" no puede darse el lujo de seguir dejando puntos en el camino.

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