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"Venga quien venga, la voy a seguir peleando"

Renzo Bacchia se ilusiona con defender el arco del "Rojo" de Pusineri. ¿Se le dará este año?


El arco de Independiente sigue vacante, y mientras se aguarda por la llegada, o no, del reemplazante de Martín Campaña, es su compatriota Renzo Bacchia quien a sus 21 años, se ilusiona con su chance. "Me siento capacitado para atajar", cuenta el charrúa, muy esperanzado. Jugó en Peñarol, River y hasta en el Inter de Italia. La pérdida de su abuela, el resguardo en el fútbol, su arribo a Independiente, y más, en este mano a mano con el joven uruguayo.


Renzo Bacchia tiene 21 años, nació en Montevideo, Uruguay, y hace tres años que llegó a Independiente, de la mano de Silvio Sandri, su representante. Estuvo en el arco de la Reserva, junto con Fernando Berón, jugó en las juveniles de su país y hasta estuvo en River y en el Inter de Milán, previo a llegar a Avellaneda. Hoy es uno de los pedidos por los hinchas del “Rojo”, tras la salida de su compatriota, Martín Campaña, y como nunca, en las redes sociales aparece su nombre. “Es la primera vez que me mencionan tanto, nunca me pasó”. Así, con mucha sencillez y hasta con algo de vergüenza para reconocerlo, comienza la charla con DeLaCunaAlInfierno, el charrúa. Es que claro, a su corta edad, el juvenil, en este contexto, tiene ante sus ojos una buena oportunidad para poder mostrarse, y él mismo lo reconoce sin problemas: “El arco de Independiente está en disputa y no se sabe quien puede ser el arquero titular. Pero me siento capacitado para atajar y responderle a toda esa gente que me está apoyando para que me den la chance”.


¿Y qué te genera que igualmente se busque un arquero?

Siento que es una oportunidad, porque todavía no vino nadie y puedo estar más cerca de debutar en el equipo más grande de Argentina. A mi me da una emoción el saber que me puede pasar en cualquier momento, y quiero estar al 120% preparado para mostrar lo mejor de mí.


Se te nota muy entusiasmado…

La vengo peleando hace tres años para estar en el lugar en el que estoy hoy en día. Venga quien venga la voy a seguir peleando para que esa oportunidad se me dé.


¿Cómo te acercaste a Independiente?

Mirá, en mis primeros pasos, a los 13 años, vine a jugar a River, donde hice toda 9ª. Después hubo un problema, porque no me dejaban volverme mucho a mi país, y yo estaba en la Sub-15 de Uruguay, y ahí fue que, a los 14, terminé optando por mi Selección y volví a Peñarol para hacer las Inferiores. Después estuve un año jugando en el Inter de Italia. Pero cuando tenía que volverme a Uruguay, tuve una discusión con mi agente en ese momento, y como yo vivía con él, y terminé quedando libre de Peñarol. Al tiempo me llegó la posibilidad de venir a Argentina de la mano de mi nuevo representante, Silvio Sandri, que es el que tengo actualmente. Me comentó de una prueba para arribar acá. Estaba Berón en Reserva. Estuve un día y Fernando y Santoro dieron el visto bueno y me quedé.

Su primera experiencia en el fútbol argentino fue en River.


Mencionaste a River, Inter, Peñarol e Independiente. Referentes te habrán sobrado para entender el peso del arco de un equipo grande…

Si, ni hablar. En Uruguay me tocó estar con Rodrigo Lerda y con Migliore, que fue uno de los que más me apoyó en mis inicios, imagínate que tenía 15 años cuando ya compartía plantel con él. En el Inter entrenaba con Handanovič y le atajaba a Icardi y Palacios. Y acá tuve la posibilidad de conocer a Martín Campaña, que sólo lo veía por la tele. De él aprendí muchísimas cosas.

Renzo en sus inicios en Peñarol.



¿Y dónde te calzaste los guantes por primera vez?

Fue a los seis años en Juana de América, un club de barrio en Montevideo. Empecé de muy chiquito. Yo vivía con mi abuelo, mi abuela y mi mamá. Justamente ella laburaba todo el día y yo iba a la escuela, así que no la vía. Es más, me quedaba despierto a la madrugada para poder verla un rato. Por eso crecí muy apegado a mi abuela. Lamentablemente al tiempo fallece y decidieron mandarme a entrenar para distenderme ahí, porque yo estaba muy mal. Después estuve dos años en Danubio, entrenando en Baby. A Peñarol llegó con siete años, y hasta los trece no podía competir por reglamento. Cuando tuve la edad comencé las Inferiores con una categoría más grande.


Se podría decir que lo usabas como resguardo ante la soledad al fútbol…

Al fútbol lo siento como un fiel amigo. Siempre surge algún que otro problema, pero la pelota es lo que te hace distraerte un poco de todo eso malo que pasa. Ves la vida de otra manera.



A pesar de tu corta edad, ¿te tocó sufrir por el fútbol?

Cuando volví de Italia estuve cuatro meses sin jugar porque llegué en un momento en el que ya no había mercado de pases. No podría incorporarme a ningún club y estuve entrenando libre con Tanque Sisley unos meses, equipo que hoy está desafiliado creo en Uruguay. En ese momento fue muy difícil, nunca estuve tanto tiempo parado. Pero con la ayuda de mi familia, que hasta entrenaban conmigo, me terminé enfocando en seguir y apareció Independiente. Llegar fue un plus y una motivación para volver a arrancar otra vez.


El amor de tu familia terminó siendo importante para tu presente…

 Totalmente. Siempre fuimos muy unidos. Cuando tuve una platita más importante pude sacarlos del barrio que se venía poniendo complicado y pude alquilar en un lugar más seguro para ellos. Además, había nacido mi hermanito y veía como un premio para ellos que puedan tener una vida más tranquila.


¿Te llegó a tocar vivir un acto de inseguridad con ellos?

Sí. A los ocho años, me tocó vivir un momento feo, en el cual asaltaron a mi mamá en la parada del colectivo cuando iba a trabajar. La vi gritando, tirada en el piso, tironeando con los chorros. Y decí que no tenían arma, porque de la desesperación lo salí a correr. No tenía noción de nada. Ese día mi vieja y mi papá me explicaron las cosas y lo que me podría haber pasado. Ellos dieron todo por mí, ojalá el día de mañana pueda darles una casa.


El día que te toque debutar no hace falta decir en quien vas a pensar, ja.

Obvio que en ellos, y espero que puedan estar en el Libertadores.


 Y en este presente, ¿qué lugar ocupa Campaña? Fueron varios años practicando juntos…

Fue un gran maestro para mí. Verlo entrenar, el partido a partido. Atajando, me ponía en el lugar de él y sacaba lo que necesitaba mejorar. Me corregía, me apoyaba y se preocupaba por mi vida privada, algo que no lo hace cualquiera. Como capitán, compañero y amigo, fue un fenómeno.


Dejando de lado su salida ¿te gustaría ser el futuro Campaña? Digo, hasta sangre charrúa tenés…

Obvio. Lo mejor sería plasmar mi nombre en el club. Lo que logró Martín no es de todos los días. El club venía de subir de la B, no era fácil. Fue algo impresionante. Pero yo siempre digo, ojalá pueda lograr cosas mejores, como ganar una Copa Libertadores y jugar un Mundial de Clubes.


Comprendés el pedido del hincha se ve entonces.

El corazón del hincha se transmite al jugador. Nosotros jugamos porque es un trabajo, pero también es algo emocional. Y en eso jugamos por nuestra familia y también por esos que están en la tribuna, que sabemos que se rompen el lomo para pagar una entrada y venir a vernos. Ganar algún título para regalarles a ellos sería algo hermoso.


¿Qué te generó la llegada de Pusineri como entrenador?

Más allá de lo emocional que te genera una persona con pasado en el club, me inculcó mucha profesionalidad y también se ha preocupado por problemas extrafutbolísticos. Es un buen técnico y gran persona. Tener alguien que tiene la calidad de vestuario que tiene él, nos ayuda bastante. Entiende al jugador, tiene su propuesta de juego y más allá de que sólo entran once, está atento a todos y eso es muy bueno.


Y en lo personal, ¿qué te pide?

Lo más importante es que tenga mucha seguridad y personalidad como arquero, y obviamente entender su idea. Me da tranquilidad saber que no me tiene de lado y que apuesta a mí. Comparando con lo que pedía Holan o Beccacece, Pusineri no pide que se juegue tanto con los pies, no quiere que arriesguemos tanto ahí. Si tener gestos técnicos para una buena salida, tener buen pase para el lateral o por arriba al delantero. Pero no jugar tanto con el central, porque nos pueden robar la pelota en una de esa y es peligroso.


¿Y Leo Díaz?

Está siempre encima de nosotros con sus correcciones. Es bueno tener un arquero campeón con el club día a día, sirve que te transmita sus experiencias. Lo mismo que haber estado con Pepé Santoro, es un fenómeno. A pesar de su edad, es un hombre de hierro. Es ídolo de Independiente, nos contó las buenas y las malas para que nosotros comparemos y sepamos que se puede hacer y que no. Fue un plus tenerlo para poder madurar más rápido para el arco del Rojo.


¿Lees las noticias de los posibles arqueros que suenan para llegar o te mantenés al margen?

Me informó para saber si puede venir un nuevo compañero así no me enteró el mismo día. Pero estoy muy concentrado en lo mío, se muy bien lo que quiero y cuál es mi objetivo.

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